Zapayasos, un plaguicida orgánico contra la ocupación y el abuso
Presentación Zapayasos
Alejandro Haddad (*)
Ayer fue una jornada abarrotada de contenidos en un solo lugar: La Escuela Normal de la Esperanza. Desde las cinco de la mañana, las delegaciones se aprestaban a desayunar en El Molino, un lugar que la organización del Encuentro aprestó para los desayunos, almuerzos y cenas.
Luego de la apertura, la presentación de este segundo Encuentro Hemisférico Frente a la Militarización, y las conferencias sobre “militarización, intervención, y recolonización”; “el impacto de la militarización, la guerra y la represión” y la “intervención de los Estados Unidos en Honduras”, llegó el momento cultural protagonizado por los “Zapayasos”, un grupo de clowns de varias partes del mundo, que nació en Chiapas en solidaridad con las comunidades indígenas de allí.
Con estilo refinado, reflexivo y sin abandonar el humor de la esperanza que resiste, las y los zapayasos, tiene ese toque sueñero que las y los zapatistas le están regalando al mundo desde aquel primero de enero de 1994 cuando se alzaron al grito de “¡Ya Basta!”.
El grupo presentó una obra sobre la militarización. Es la historia de una pequeña comunidad llamada, “Arboltenango”. Allí la gente vive sus días floridos, anomarodas entorno a un árbol. Un buen día llega un millonario con promesas de trabajo y progreso a cambio de talar el árbol. La comunidad se pone rápidamente en defensa del árbol que abriga sus pensamientos. Entonces, el enfrentamiento entre el discurso de “progreso” y la vida de comunidad en armonía con su territorio, no demora en llegar.
El público participó entre risas, asombro y dejo reflexivo sobre el papel que cada cual juega frente a la ocupación militar financiada por las grandes corporaciones económicas. Es que el empresario acude al ejército para que imponga la razón del dinero por sobre la espiritualidad que defiende al árbol. Es que el ejército no cuenta con reclutas, pero el dinero aparece y aparece la división en la comunidad entre quienes se “venden” para engrosar las filas represivas y quienes se mantienen fieles a la defensa de la comunidad. Es que, al momento de ver quién está de cada lado, es cuando los espectadores, acostumbrados a ser espectadores, se quedan como meros protagonistas de la inacción, de la desmovilización, de la espera pasiva.
Contra los ejércitos de fusiles y de ocupaciones, un ejército de payasos que florea las almas con sonrisas. Ellas, ellos, hablan así, con su nariz postiza que les saca el humor de las entrañas y contagia y convida a la lucha sin anular la alegría que la motoriza.
Zapayasos además colabora en la logística del encuentro. Minutos antes y después de su obra, se les veía en las mesas anotando a quienes iban llegando. Luego se les vería en las mesas, colaborando con las presentaciones de los distintos temas relacionados a la militarización: DD.HH e impunidad, pueblos indígenas y negros; diversidad sexual, violencia y represión; presos políticos, torturas y desapariciones forzadas; patriarcado... nueve espacios de charla y de intercambio.
En veces, ser payaso es ser esa parte oscura que se pinta la cara para no verse en su realidad. En veces, el payaso, cuando es nacido de la conciencia, es esa parte vital de los pueblos para verse su realidad con ojos de esperanza.
Es que este mundo lleno de mundos, está separado por las tapias impuestas por los de arriba, esos mismos que se empecinan en no dejar que nos veamos en el contacto del abrazo. Así meten siembran de militares los campos. Porque el famoso “desierto verde” no sólo es de soya. Lacayos del poder, con sentimientos igualmente transgénicos, vuelven sus fusiles contra los pueblos. A eso se enfrenta Zapayasos, ese plaguicida orgánico elaborado a base de palabra y humor.